El 20 de julio de 2015, hubo un ataque suicida en Suruç, una ciudad en Turquía. Un hombre, de 20 años y con vínculos a ISIL, se explosiona y mata a 34 personas e hiere a 104 más. Las víctimas eran mayormente jóvenes que pertenecían a grupos políticos, como la Federación de Asociaciones de Jóvenes Socialistas (SGDF), que querían ayudar a la ciudad de Kobanî. Kobanî, situada a solo 10 km de Suruç, había sido asediada por ISIL hasta enero de 2015. Los jóvenes planeaban reconstruir Kobanî y estaban dando una declaración de prensa cuando se produjo la explosión. Este ataque es significativo porque muestra la violencia de ISIL en Turquía, un país que ha enfrentado muchos desafíos relacionados con el extremismo. A pesar de las advertencias sobre la posibilidad de ataques, el gobierno turco no proporcionó la seguridad necesaria durante esta reunión. Después del ataque, muchos ciudadanos criticaron la falta de protección que el gobierno había ofrecido a estos grupos, sugiriendo que podría haber habido un descuido intencional. Las operaciones militares comenzaron poco después, dirigidas contra ISIL y el PKK, un grupo kurdo. Esta acción intensificó las tensiones entre turcos y kurdos, lo que llevó a un aumento de la violencia en la región. Las organizaciones internacionales también condenaron el ataque, pidiendo justicia y expresando su solidaridad con las víctimas.