El 4 de agosto de 2020, tuvo lugar una gran explosión en el puerto de Beirut, Líbano. Esta explosión fue causada por 2,750 toneladas de nitrato de amonio, que habían sido incautadas en 2014. Estas sustancias químicas se mantuvieron en condiciones inseguras durante seis años. Cuando un fuego comenzó en un almacén cercano, esto provocó la detonación. La explosión resultó en 218 muertes y 7,000 personas heridas. Además, alrededor de 300,000 personas quedaron desplazadas de sus hogares. Los daños económicos se estiman en aproximadamente 15 mil millones de dólares. Este trágico evento causó que el gobierno declarara un estado de emergencia por dos semanas. Las protestas de la gente, que habían empezado en 2019 debido a la situación económica, crecieron en respuesta a la tragedia. Estas protestas llevaron a la renuncia del primer ministro Hassan Diab y su gabinete unos días después de la explosión. La comunidad internacional, al conocer la seriedad del evento, mostró preocupación, especialmente por los daños materiales y las víctimas. Muchos países ofrecieron ayuda para la reconstrucción de Beirut. Sin embargo, la desconfianza hacia el gobierno también aumentó, y muchas personas pidieron una investigación clara sobre los hechos. Si esto no se hace, la inestabilidad podría continuar en la región.