El 6 de agosto de 2013, una fuga de gas causa una explosión devastadora en Rosario, Argentina, que cambia la vida de muchas personas. Este trágico suceso derrumba un edificio residencial y resulta en la muerte de veintidós personas, muchas de las cuales eran vecinos de la zona. Además, sesenta personas sufren heridas, algunas de gravedad. La zona se convierte en un lugar muy peligroso después de la explosión, así que varias organizaciones locales y nacionales ayudan a buscar sobrevivientes y a asistir a aquellos que pierden sus hogares. Al principio, se estima que la reconstrucción del área tomará al menos seis meses, pero, en la práctica, este proceso se extiende por más tiempo debido a complicaciones. La justicia provincial inicia una investigación para descubrir por qué ocurrió la explosión. Los sospechosos incluyen a Litoral Gas, la empresa que provee gas a la ciudad, y a un trabajador que estaba haciendo mantenimiento en el edificio el día del accidente. Este evento causa mucha tristeza en la ciudad y provoca una reflexión sobre la seguridad en instalaciones de gas. Muchos ciudadanos reclaman mejoras y transparencia en el servicio. Durante este tiempo, varios candidatos políticos suspenden sus campañas para mostrar respeto hacia las víctimas y sus familias, y ellos participan en ceremonias conmemorativas. El gobierno local promete revisar las normativas de seguridad para evitar que tragedias similares se repitan.